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martes, 12 de mayo de 2009

Una vuelta por el Rastro de Madrid. Los puestos típicos

Nos levantamos a las 5.30 AM. No queremos que nos pisen las mejores compras, así que debemos ser de los primeros que lleguemos al Rastro. Nos hacemos con el material indispensable para ir de caza:


- Linterna pequeña de bolsillo.
- Bolsas grandes tipo PC-World del SIMO.
- Monedas de euro y billetes pequeños (no más grandes de 10)
- Walkman, radio o MP3 (para poder hacer tiempo si llegamos muy pronto).
- Paquete de kleanex y/o colonia (por si somos muy sensibles a los olores).





Y llegamos allí sobre las 6. Aparcamos en la Ronda de Toledo. Nos dirigimos a la parte baja del Rastro, a la confluencia de las calles Mira el Río Baja y Mira el Sol (sí, ya sé que los nombres no son muy originales, pero no me lo digáis a mí, yo no fui quien los puso). Dependiendo del tiempo que haga, nos quedaremos allí, aunque si llueve, los puestos se trasladan a los soportales de Ribera de Curtidores. En ese caso, nos dirigiremos allí. Por el tráfico de gente sabemos donde están los puestos. Esto es lo que se conoce como el Rastro Nocturno o más comunmente, como el Rastro de los Yonkis.


Empezamos nuestra búsqueda, y lo primero que vemos son algunos puestos de ropa, y de libros. Generalmente hay poco de interés, así que seguimos ascendiendo por la cuesta. Ya hay algunas personas que pasean mirando los puestos. Contrariamente a lo que cualquiera pudiera pensar, no es gente con pocos recursos la que frecuente este Rastro, sino todo lo contrario. Ricos intelectuales con caros abrigos y jerseys de cuello vuelto se paran delante de los puestos de cuadros, buscando obras de arte con las que impresionar a sus amistades. El arte es caprichoso. Lo que a uno no le impresiona lo más mínimo al otro le entusiasma y lo compra. También vemos a los reventas y a los cazachollos buscando madelman y cochecitos que acabarán en eBay o en El Conde Inglés. Nos encontremos con Alí y algunos compays que venden accesorios para móviles. A veces tienen algo interesante, pero salvo que queramos un cargador para móvil, poco hay donde elegir. Seguimos subiendo y seguimos viendo puestos de ropa, y algunas mantas con las cosas que sobran en casa. Estas son las mas interesantes. Aquí se puede encontrar cualquier cosa que uno pueda imaginar: Diccionarios, postales antiguas, álbumes de cromos, maquinitas, puzzles, juegos antiguos, tebeos (disney, colorín, bruguera, ...), postales en blanco y negro, marcos, figuras, joyas, cuentacuentos, famóbil, cinexines, cochecitos a escala, madelman, action man, barbie, nancy, chabel, escalextric, tente, exin, lego, walkmans, cintas de cassette, cintas vhs, dvds, vinilos, órganos casio, ... Uno nunca se imagina lo que ese día va a encontrar, así que con atención y emoción vamos recorriendo los distintos puestos.

Arriba del todo está el señor de barba, que suele tener relojes de bolsillo antiguos y ocasionalmente, algunos videojuegos de los 80. Le saludamos y le preguntamos: -Buenas, ¿algún videojuego tenemos hoy? - Nos responde negativamente. Cambiamos un par de frases con él y seguimos nuestra búsqueda. Mientras subimos y bajamos es muy posible que nos encontremos a María, que tiene un puesto en el rastro diurno, y muchas de las cosas las consigue en el rastro nocturno o en el rastrillo de Lavapiés. Es fácil verla con figuritas de la Nancy, o botes antiguos de Cola Cao. En ocasiones conseguimos arrebatarle algún tesoro, y nos mirará con cara de pocos amigos. Una game & watch que nosotros conseguimos por 3 euros ella la hubiera vendido unas horas más tarde por 30 o 40 Euros. En silencio nos maldice y prosigue su camino. Nosotros hacemos lo propio, mientras vamos viendo objetos y preguntando precios, pero con prudencia.

Porque en el rastro nocturno, preguntar un precio es sinónimo de interés. Aunque luego no queramos el objeto, es frecuente que el vendedor lo interprete como que nos interesa, pero a un precio menor, y nos perseguirá hasta que nos quedemos con el artículo. Es decir, se lleva el regateo. Algunos regatean fuerte, y otros confunden regatear fuerte con ofender al vendedor. Nada hay peor que ofender al vendedor, porque ya no querrá hacer negocios con nosotros. Generalmente están muy necesitados, pero en más de una ocasión he visto a algún viejo enjuto lanzar alguna afrenta a la cara del vendedor, del tipo -¿50 Euros por esta chatarra? Lo que tú vendes es basura. Estás loco si crees que te van a pagar eso-. A lo cual, el vendedor que lleva sentado en el suelo desde las 3 o las 4 de la mañana, pasando frío y aguantando exabruptos, le espeta: -para ti, ahora vale 100 euros-. El viejo merodea alrededor del puesto unos minutos y se vuelve a acercar como quien no quiere la cosa: -50 entonces? Mira que está un poco viejo y roto- El vendedor arremete rapidamente - Que lo dejes ahí. Que si no lo quieres, otro lo querrá. Date una vuelta y no molestes - El viejo suspira abatido, y le tiende los 50 Euros. En el fondo sabe que por culpa de su soberbia ha pagado 20 euros mas que si se hubiera tragado su orgullo y hubiera hablado con respeto.



Seguimos echando un vistazo. Vemos algún aparato que nos interesa: Jefe, ¿esto funciona? - Por supuesto, hasta ayer lo estuve usando - El aparato no tiene ni transformador, y acumula una inmensa cantidad de porquería que indica que no se ha usado en muchos años. El olor también es característico. Una mezcla de sudor y basura inundan nuestras fosas nasales, y eso nos hace sospechar el origen de la mayoría de lo que allí se vende. Aunque todos los vendedores nos aseguran que el género procede de sus casas y que tienen completa garantía, en realidad la única garantía que tienen es la que puede ofrecer pagar unos pocos euros por un artículo de precio en tienda notablemente mayor.

Algunas señoras mayores discuten con algunos vendedores: - ¡Me vendiste el tocadiscos y me dijiste que funcionaba perfectamente! Devuélveme el dinero ¡tunante! - La gente mira y se sonríe de que alguien tenga siquiera la pretensión de que los objetos funcionen. Comprar en el rastro es una lotería, y de ahí parte de su emoción. Uno paga muy poco pero nunca sabe lo que se lleva hasta que llega a casa. Si compramos aparatos eléctricos es bueno llevarse unas cuantas pilas AA (4 mínimo) para poder ir probando lo que compramos. Como casi todo procede de la basura, lo mismo han sido desechados por ya no ser necesarios que por no funcionar. Y sin pilas es difícil de saber. Hacemos unas cuantas compras y nos gastamos 8 o 10 Euros. Proseguimos nuestra marcha. Un puesto con monitores TFT llama la atención. El hi-tech nuevo contrasta claramente en relación con todo lo demás. Esto no pasa desapercibido y un señor con botas, vaquero y chaleco de pescador se acerca al puesto. - Muy buenas. ¿Tiene usted licencia de venta ambulante? - dice el señor, mientras enseña su cartera sin que dé tiempo a ver nada. El vendedor se queda mudo, y el del chaleco le dice que por esta vez puede pasar, pero que el monitor se lo lleva gratis. Aunque en el Rastro es común ver a los secretas, generalmente se interesan más por los móviles o las cadenas de música, y cuando se llevan algo, suelen hacer un parte donde detallan los objetos requisados, y se le entrega una copia al vendedor para que pase por comisaría con las facturas y documentación pertinente para recuperarlo, si procede. Pero en este caso no es más que un transeunte con mucha cara que se ha hecho pasar por policía. Y el vendedor, ante la duda, prefiere aceptar tranquilamente la derrota, que jugársela y acabar en comisaría.

A medio camino de la cuesta, está el Calléjón del Mellizo, donde nos encontramos varios puestos con candelabros y diversos objetos de metal. Allí nos detenemos lo justo, por ver si hay que merezca la pena, aunque no suele ser el caso. Seguimos subiendo y seguimos viendo a los vendedores habituales. Algún puesto de móviles o hi-tech incautado, la policía requisa la manta completa mientras piden a la central que manden una unidad para llevarse el material. Seguimos subiendo un poco más. El chico negro de las trencitas también está por allí, vendiendo libros de los 80 y diverso material que ha logrado recolectar a lo largo de la semana. Es buena gente y vende muy barato. Quizá demasiado. Con él no vale la pena regatear. Uno se pregunta seriamente hasta que punto vale la pena madrugar y pasar la noche allí para luego ganarse 8 o 10 euros. Esta gente debe estar realmente muy necesitada. Y en esos casos unos se arrepiente de regatear. No merece la pena.

Pero seguimos, y ahora vamos hasta abajo del todo, donde ya los primeros tenderos de la mañana empiezan a poner sus puestos. Jesús y Hortensia son de los primeros en llegar, a montar uno de los puestos más grandes que hay, el de las revistas antiguas. Rara es la colección que no se pueda completar gracias a ellos. Todos los domingos traen el camión hasta arriba de libros y revistas y se tiran cerca de 1 hora y media colocándolo todo bien ordenador para que a las 8.30 cuando empiece a salir el sol ya puedan empezar a vender. Cerca de ellos, empiezan a poner los puestos de cómics, como el que vende artículos de El Jueves, o un poco más allá, uno de los puestos más emblemáticos: el del señor que tiene un rastrillo en su puesto. Todo tipo de cachivaches antiguos, teléfonos, herramientas, juguetes y un poco de todo mezclado, y rebuscando en ocasiones hay auténticos tesoros. Seguimos un poco más y una multitud de gente se agolpa alrededor de un puesto que todavía no está montado. Es el de María, y la gente espera con impaciencia a que María venga de desayunar para ver qué tesoros ha traído hoy.

EL RASTRO DIURNO

Tiramos por la calle de Mira El Sol, hacia Ribera de Curtidores. Allí nos encontramos a Félix que nos provee de toda clase de gadgets para el ordenador. Tiene todo tipo de accesorios: hubs, conversores, memorias sd, mmc, xd, micro sd, pendrives, y por supuesto, DVDs, que es lo que casi todo el mundo viene buscando. Tiene tanta gente que ha tenido que poner un turn-o-matic en el puesto. Aunque en honor a la verdad, el motivo de que la gente se agolpe en su puesto no es tanto sus precios como lo despacio que despacha. Aunque la gente le diga exactamente lo que quiere, él siempre se empeña en mostrar 3 o 4 artículos más para que el cliente pueda elegir lo que más le conviene. Y aunque uno sea muy concreto, no hay manera: - Dame un Pendrive de 8 GB de TDK - Le dices indicándole cual quieres - ¿Y no los quieres de 16 GB? Me han venido unos buenisimos, y están casi al mismo precio que los de 8. Son de primera. - dice Félix, dejándolo caer y saboteando nuestro intento de venta rápida - No Félix, quiero el de TDK, de color azul, ese que tienes ahí colgado. - Pero él insiste - ¿Y no lo prefieres de Kingston? Hoy los tengo 10 euros más baratos, y son casi iguales, y además con la punta retráctil. - Nosotros ya, un poco más serios, le espetamos - ¡¡que me des el tdk, que tengo prisa!! - Al final te da el TDK, entre sonrisas de condescendencia de Felix, y risas de los que esperan. La historia se repite con cada uno de los artículos que se le piden. Cuando acabamos de comprar ya es de día. Volvemos de nuevo a la Plaza para ver los puestos que ya han terminado de montarse. En la Plaza del Campillo (o Plaza de los Cromos) ya empiezan a colocarse los coleccionistas de cromos y postales, cogiéndose cada uno una maceta de un árbol para exponer sus álbumes. En una de las esquinas está Jesús, el Vaquero, con sus típicas espuelas.




La tienda del Vaquero quizá sea una de las más antiguas del Rastro, junto con el puesto de revistas de Jesus y Hortensia. El puesto del Vaquero es tan antiguo que tiene hasta su propia leyenda. Cuentan que el Vaquero está solo porque un día su mujer le dio a elegir entre ella y los tebeos, y él eligió lo que cualquiera hubiera elegido ... los tebeos. Otros dicen que su mujer le engañó y él se refugió en los cómics. Sea como fuere, todos los domingos está Jesús disfrazado de cowboy, con su sombrero y espuelas, vendiendo cómics de Asterix, Tintín, Jabato, Alcázar y Pedrín y todo tipo de cómics antiguos. No vende barato, pero suele tener de todo, y en bastante buen estado.




Más abajo de él se sitúan algunos vendedores de tech. Discos duros rotos y todo tipo de tecnología nueva y no tan nueva, recambios para ordenadores antiguos, placas base, tarjetas, memorais, fajas, y un poco de todo. María, en la otra esquina de la plaza, ya ha colocado su manta. Latas de Cola Cao, figuritas, maquinitas roñosas, fotografías antiguas y en general, un pedacito de los años 50 en una tela de 2x2 metros. Los compradores se agolpan, intentando regatear. Pero ella es dura, no se deja amedrentar. La gente trae dinero, mucho dinero, y ella lo sabe. También sabe que si ese no lo compra, el que viene detrás pagará lo que ella pide y más. Es cuestión de esperar. Así que ella no regatea. Pide un precio, y si no se lo dan, pasa al siguiente. Es buena anticuaria, y sabe escoger el género que vende. Es raro que lo que venda sea falso, así que a la gente no le importa pagar. También paga bien a los del rastro nocturno, por ello algunos tienen una serie de artículos reservados para ella aparte, que no exponen al público hasta que ella ha pasado. Paga mejor que el público, no suele discutir mucho y es buena clienta. El palo ya se lo da ella a los "intelectuales" que por la mañana acuden a su puesto. En este punto de la historia, uno no acaba de entender qué diferencia existe entre los vendedores nocturnos y lo que ella vende a la mañana siguiente, ya que es el mismo género. La única diferencia es un permiso concedido por el ayuntamiento, que dice que ella sí puede vender, y los otros, no. Una de las muchas contradicciones entre el Rastro y el Ayuntamiento.

Volvemos a movernos y llegamos a Ribera de Curtidores y allí nos espera otro puesto de DVDs, donde podemos adquirir estupendas carpetas para almacenar nuestros discos, así como toda clase de soportes (DVDs +R,-R, doble capa, cds, minidisc, cassettes, ...) y de fundas para nuestros soportes. También vende toda clase de pilas y baterías, y a muy buen precio. Compramos varios blister de pilas para no tener que comprar más en varios meses. Mientras, la anciana del organillo y los barquillos ya ha llegado y ameniza la mañana con el sonido típico de Madrid. Sentada en medio del cruce, con el pañuelo cubriéndole la cabeza, gira la manivela incansable mientras las notas musicales salen de la caja opaca. Aunque todo el mundo sonríe al mirar, todos pasan de largo. Le dejamos un par de euros en el plato para que pueda comprar algo, mientras comenzamos a subir por Ribera de Curtidores.

A estas alturas de la mañana, ya empezamos a tener hambre. Hay una pequeña tienda de frutos secos y variantes a mano derecha, con una curiosa y sensacional oferta. Bocadillo + Bebida 2 Euros. No lo dudamos y entramos. Por 2 euros no esperamos que el bocadillo venga especialmente relleno, pero nos da igual. Cogemos el bocadillo y la lata, y seguimos subiendo. Pasamos por delante del bazar Guerra, que nos ofrece un amplio surtido de artículos, tanto de índole tecnológico, como "más íntimo" (hace falta verlo para hacerse una idea, pero tienen de todos los tamaños y sabores ...).

Si miramos en la calle Fray Ceferino González nos encontraremos con una calle llena de pájaros y artículos para las aves. Jaulas, alpiste, panizo, cañamones, criaderos, jaulas valencianas para concursar, todos los Tabernil y Friskies que uno se pueda imaginar, jibias y cualquier cosa que uno necesite para sus canarios y jilgueros. Hay un señor con una Vespa apoyado en la pared. En la Vespa hay una bolsa de la que salen unos chillidos y gorgojeos. Le preguntamos al señor que qué lleva en la bolsa y nos dice: "Jilgueros, a 10 Euros". Vemos los jilgueros, y naturalmente están sin anillar. Es decir, son ilegales, cazados en el campo (un jilguero anillado legal facilmente alcanza los 100 euros). Estos pajarillos que antiguamente abundaban en la zona sur de España hoy en día está prohibido cazarlos y empiezan a escasear. Le decimos al señor que no nos interesa y miramos las tiendas de pájaros que hay allí. Hablamos con alguno de los tenderos y le compramos algo de panizo, y un par de saquitos de comida para jilgueros.



Seguimos subiendo por Ribera de Curtidores. El sol pega fuerte y de pronto escuchamos unos cánticos y unos platillitos sonar. Una multitud de gente avanza cantando y bailando cuestaba abajo por medio de la calle. Al pasar cerca de nosotros vemos que son los Hare Krishna, que como todos los domingos, pasan continuamente ante la sorpresa de los que por allí pasean.

Seguimos subiendo y nos encontramos con la estatua más emblemática del Rastro: Eloy Gonzalo, el héroe de Cascorro. Desde lo más alto de Riberta de Curtidores, Eloy nos observa pendiente de lo que hacemos. ¿Y quien es ese soldado con fusil que lleva una caja debajo del brazo?

Cuenta la historia que Eloy perteneció a una partida de soldados destinados en Camagüey, Cuba, en el año 1896. En medio del conflicto, el puesto de Cascorro está sitiado, y a punto de caer. Sin embargo, ven que sería muy fácil darle la vuelta a la situación si consiguieran atacar la casa desde donde venían los disparos de cañón contra el fuerte donde se encuentran. Todo consistía en ir corriendo hacia la casa, rociarla de gasolina, prenderle fuego y volver. El problema es que el que llevara a cabo la misión, aunque consiguiera completarla, con toda seguridad moriría. Eloy había sido un perdedor toda su vida. Cuando nació, 28 años antes, fue abandonado en la puerta de una inclusa. Aunque le adoptaron, de nuevo le volvieron a abandonar cuando tenía 11 años. Más tarde, la que era su prometida le engañó con un teniente, por lo que Eloy se peleó con el teniente y le encarcelaron. Después, gracias a un acuerdo por el que se permitía enviar presos a la guerra, Eloy es enviado en 1896 a Cuba. De ahí que Eloy pensó que él era el que menos tenía que perder, pues no tenía nadie quien le esperara, y su vida carecía de sentido, así que era una buena ocasión para darle algún motivo a su existencia. La única condición que puso es que se le atara con una cuerda, para que aunque le mataran, pudieran recuperar su cuerpo. Así lo hicieron. Con la lata debajo del brazo y la cuerda a la cintura, echó a correr a la casa, la roció de petróleo y la pegó fuego. Los compañeros de Gonzalo, viendo que lo consigue, se crecen, avanzan posiciones y los mambises huyen abandonando el puesto. Más por milagro que por suerte, Eloy Gonzalo no fue abatido, y se convirtió en un símbolo heroíco (aunque su suerte no cambió, ya que contrajo disentería y murió ese mismo año en Matanzas, Cuba). El Ayuntamiento de Madrid le rinde un homenaje y le encarga la estatua a Aniceto Marinas. Alfonso XIII inauguró la estatua en 1902, en el mismo lugar donde hoy permanece enclavada.



De vuelta, bajamos por las calles interiores. Podemos comprarnos algunos churros y porras en la churrería de Santa Ana. Desde allí desembocamos en la Plaza del General Vara de Rey. Allí también tenemos toda clase de aparatos, libros, candelabros, cuadros y un poco de todo. También encontramos algunos puestos en el centro que venden ropa al peso. Echamos un vistazo rápido, pasamos por delante de un par de librerías de libros viejos sin ordenar y seguimos cuesta abajo. Pasamos por Mira el Río Alta y el callejón, y seguimos por Mira el Río Baja. Salimos a la Plaza del Mercado y damos por concluido el día.



(pulsa el Play y ajusta el volumen)


"Hay negros que venden trastos inservibles
como un aspirador de esos irrompibles
relojes de cuarzo de esos digitales
loros de mil watios, pendientes, collares

pulseras de marfil, hinchadores de ruedas
altavoces pequeños de esos que no suenan

aquí nadie obliga a comprar nada a nadie
tuyo es tu dinero y suyo el transistor
la calle es de todos da igual el lenguaje
y pasa la mañana en la calle Mayor"

Revólver - Calle Mayor



Fotos y textos de Subastando en la Red, con las siguientes matizaciones:

Foto Hare Krishna: Flickr - Gaelx.
Foto Eloy Gonzalo: Wikipedia.
Foto manta del Rastro: Blog Y la luz se hizo ...
Foto Plaza General Vara de Rey y Rastro: Jose Manuel Casado S.


Otros textos relacionados:

El "Rastro" que deja Madrid (Y se hizo la luz)
Un domingo en el Rastro (en Clarin)

Sobre Jesús, el Vaquero del Rastro:

El Vaquero del Rastro (en Cotidianas)
Soy el Vaquero del Rastro (en ABC)
El Vaquero del Rastro (en Madrid me mata)



6 comentarios:

pronetpc.com dijo...

Felicidades, es un excelente relato

deepfb dijo...

eso de que María paga bien a sus "proveedores" es muy subjetivo, ¿no? :-P

Subastador Digital dijo...

Subjetivo es todo en esta vida ... :-) Ahora bien, las veces que yo la he visto apoquinar en el Rastro Yonki ha pagado bastante bien, más de lo que yo hubiera pagado sin duda, y más de lo que hubieran pagado otros clientes. A mí lo que más me llama la atención es que le guarden los "tesoros" a ella (no lo hacen todos logicamente, pero sí unos cuantos). Y como ella no puede perder, el pelotazo se lo pega a los que luego la compran a ella. Igual tú la has visto con otra "política de negociación" en Lavapiés, pero vamos, sólo hablo de lo que he visto. Y sí, le sienta bastante mal cuando alguien se le adelanta.

Laura dijo...

Muy bueno, sí señor. Muy interesante reconocer los lugares, pero no las actividades que se llevan a cabo cuando yo estoy sobando en casa! :)

Anónimo dijo...

Muy bueno, he entrado desde el foro de ebay, tienes paciencia para escribir todo eso sin tener publicidad en la web ni esperar conseguir nada acambio, consigues cierta admiración por mi parte. Un saludo y gracias por entretenerme un rato.

Anónimo dijo...

dentro de unos dias quizás vaya a Madrid y me gustaria saber que puestos/zonas me recomiendas para comprar comics de planeta años 90.

¿Mas o menos cuantos puestos se dedican a la venta de tebeos de ese estilo?

muy agradecido si pudieras ayudarme.